Humo en la cumbre

“Ha llegado una carta rara. La mayoría de lectores no la entenderá”, me anuncia el director de la revista. El sobre, manuscrito, lleva matasellos de Granada. Un hombre de Úbeda nos ha mandado un folio escrito a máquina, fechado el 3-7-2011 y encabezado por el título “HUMO EN LA CUMBRE”, así, en mayúsculas. Empieza sin preámbulos: “A todo lo largo de la vasta novela La Montaña Mágica se hace contraposición de la vida en el llano y la vida en las alturas”. Vaya, un ilustrado que ha leído a Thomas Mann. Y me entra aún más curiosidad. “Pero ahí en lo alto, en el prestigioso Sanatorio Internacional Bergohf, un establecimiento donde estaba muy mal visto el ejercicio físico y se recomendaban cortos paseos y sobre todo la horizontalidad en perfecto resposo, los valetudinarios le daban (aunque no todos) al fuma que fuma.” Sonrío un poco y busco “valetudinarios“. Este tipo es culto.

Sigo leyendo. Ahora cita varias veces el libro respetando todas las reglas de puntuación que exige abrir y cerrar comillas. No se equivoca con ni un solo punto o coma. No comete faltas, no vacila, no tacha. Ni siquiera un acento antiguo en el “dese usted todavía un poco de buena vida”, que me lleva a consultar el diccionario de dudas de la RAE (Formas verbales con pronombres enclíticos). Prosigue su relato y llega a un último párrafo a modo de conclusión: “¿Cómo es posible que en un sanatorio de enfermos pulmonares campasen como Pedro por su casa los María Mancini -que golosamente se fumaba Hans Castorp- y otros tipos de cigarros?”. La firma está en negrita, por lo que deducimos que ha echado atrás el carrito de la máquina de escribir y ha reescrito sobre su nombre.

Me detengo a pensar quién es este señor pulcro que ama y respeta su lengua, cuya mente ha vagado por el sanatorio más célebre de la literatura alemana. Trato de imaginar su carta en su voz. ¿Es un profesor de instituto retirado? ¿Desde qué habitación calurosa de Úbeda decide mandarnos estas observaciones?

Recuerdo mi única noche en Úbeda, un verano.

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