Tres por minuto

Lloro si descubro, de pie ante al fregadero, el avión que atraviesa el cielo señalando la línea del mar. ¿Por qué es éste un reloj de arena?

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  1. PAISAJE CON GRANO DE ARENA

    Lo llamamos grano de arena.
    Pero él no se llama a sí mismo ni grano ni arena.
    Prescinde de nombre
    común, individual,
    fugaz, duradero,
    erróneo o adecuado.
    Indiferente a nuestra mirada, al tacto.
    No se siente ni visto ni tocado.
    Y si cae en el alféizar de la ventana
    la vivencia es nuestra, no suya.
    A él tanto le da donde caer
    sin la certeza de estar cayendo
    o de haber caído ya.
    Desde la ventana hay una bella vista sobre el lago,
    pero esta vista no es capaz de verse a sí misma.
    Incolora, informe,
    inaudible, inodora
    e indolora vive en este mundo.
    El fondo del lago nunca toca el fondo,
    sus orillas no tienen orillas.
    Sus aguas no se mojan ni tampoco se secan.
    Las olas no se sienten singulares ni plurales.
    Susurran sordas a su susurro
    entre piedras ni pequeñas ni grandes.
    Y todo sucede bajo un cielo de por sí inceleste,
    donde el sol se pone sin ponerse nunca
    y sin ocultarse se oculta tras una nube inconsciente,
    que el viento alborota por el mero impulso
    de soplar.
    Transcurre un segundo.
    Otro segundo.
    Un tercer segundo.
    Pero son sólo nuestros tres segundos.
    El tiempo ha volado cual mensajero con una noticia urgente.
    Pero sólo es un símil por nosotros elaborado.
    Personaje inventado, atribuida la prisa,
    inhumana la noticia.

    Wislawa Szymborska

  2. La meva poetessa favorita! Gràcies, Francis.
    L’altre dia:

    ALGO SOBRE EL ALMA

    Alma se tiene a veces.
    Nadie la posee sin pausa
    y para siempre.

    Día tras día,
    año tras año
    pueden transcurrir sin ella.

    A veces sólo en el arrobo
    y los miedos de la infancia
    anida por más tiempo.
    A veces nada más en el asombro
    de haber envejecido.

    Rara vez nos asiste
    en las tareas pesadas,
    como mover los muebles,
    cargar las maletas
    o recorrer caminos con zapatos apretados.

    Cuando hay que cortar carne
    o llenar solicitudes
    generalmente está de asueto.

    De mil conversaciones
    toma parte sólo en una,
    y no necesariamente,
    pues prefiere el silencio.

    Cuando el cuerpo nos empieza a doler y doler,
    escapa sigilosamente de su hora de consulta.

    Es algo quisquillosa:
    con disgusto nos ve en la muchedumbre,
    le repugna nuestra lucha por supuestas ventajas
    y el rumor de los negocios.

    La alegría y la tristeza
    no son para ella sentimientos distintos.
    Sólo cuando se unen
    está presente en nosotros.

    Podemos contar con ella
    cuando no estamos seguros de nada
    y tenemos curiosidad por todo.

    De los objetos materiales
    le gustan los relojes con péndulo
    y los espejos que trabajan afanosos
    aunque no mire nadie.

    No dice de dónde viene
    ni cuándo se irá de nuevo,
    pero evidentemente espera esa pregunta.

    Según parece,
    así como ella a nosotros,
    nosotros a ella
    también le servimos de algo.

    Wislawa Szymborska (Instante, Ed. Igitur)

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