Escenas de resistencia a la velocidad. Oporto en 2016

Hice un alto en mi camino solitario por el Jardim de Serralves. Junto a una pista de tenis abandonada se levantaba su antiguo pabellón “de apoyo”, hoy convertido en salón de té. Pronto las glicinas cubrirían la terraza pero ahora la estructura metálica de la pérgola aparecía desnuda como un costillar. Entré en el pequeño edificio y me senté a desayunar un bizcocho casero de limón y un té. Las migas del pastel se me recortaron con extrema nitidez sobre el plato blanco. En la mesa contigua, cuatro señoras americanas mantenían una conversación alegre. Oí que una hablaba del “barn” de sus padres e intenté imaginar sus vidas de Ohio, Kansas, Colorado. Me gustaba su compañía. Tal vez no hiciera mucho que se conocieran.

No tenía planes. Llevaba ya cerca de dos horas descubriendo los caminos de aquel parque, recorriéndolos sin mapa, tan lenta y exhaustiva que yo misma me sorprendía. En aquellos caminos abundaban las camelias, se veían en profusión alfombrando la tierra y la hierba, y había muchas otras aún prendidas en árboles y setos. Eran a veces de un blanco de novia, impoluto, pero a veces también rojas y fucsias como distintos tipos de sangres. Encontré un sotobosque de narcisos y más tarde una rosaleda, y parterres, y un claro de abedules. En aquella soledad libre, siguiendo mis pasos por aquella finca señorial de la que no sabía apenas nada, en una ciudad que me era desconocida, sentí todo el tiempo la embriaguez de la paz, la disolución del miedo y las discordancias.

Aún deambulé una hora más antes de dejar el Jardim y su concierto de olores, y entonces decidí caminar en línea recta hasta el océano, que podía ver a lo lejos como una franja de azul. Llegué por aceras de sol hasta el Atlántico y, una vez allí, permanecí callada frente al oleaje. Me pareció temible y estruendoso, cada ola levantada desde una fuerza interior. El corazón del mundo -pensé-, su latido, su pulsión. No tenía idea de qué hora podía ser. Me sentía viva, en un tono mayor, en el mundo. Creo que lloré, sin entenderlo mucho.

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  1. Ohhh! Quina sorpresa rebre altra vegada les teves entrades Yvette. Precisament, avui hi he pensat, aquest matí, abans de llevar-me. I al migdia, obro el mòbil i … Si no es torça res, a primers de maig viatjaré a aquesta ciutat i a d’altres de Portugal. En tinc moltes ganes, tu em vas dir que m’encantaria. Gràcies, també, per aquestes estones. Meravelloses les imatges. M’encantes!

  2. Lita, ja sabem de la nostra connexió! Gaudeix molt de la llum i la senzillesa portugueses. I gràcies per les teves paraules, com sempre. Bon viatge, ben aviat.

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