Archivo de Categorías: Mar

Escenas de resistencia a la velocidad. Oporto en 2016

Hice un alto en mi camino solitario por el Jardim de Serralves. Junto a una pista de tenis abandonada se levantaba su antiguo pabellón “de apoyo”, hoy convertido en salón de té. Pronto las glicinas cubrirían la terraza pero ahora la estructura

Escenas de resistencia a la velocidad. Oporto en 2016

Hice un alto en mi camino solitario por el Jardim de Serralves. Junto a una pista de tenis abandonada se levantaba su antiguo pabellón “de apoyo”, hoy convertido en salón de té. Pronto las glicinas cubrirían la terraza pero ahora la estructura

Cádiz con mi hermana

Fuimos a Tarifa en busca del estudio fotográfico del señor Rojas y vi aquel pasillo de mar tantas veces oído. Su espuma rizada me hizo estremecer. Europa y África se miran ahí a los ojos, casi se podrían besar.

Cádiz con mi hermana

Fuimos a Tarifa en busca del estudio fotográfico del señor Rojas y vi aquel pasillo de mar tantas veces oído. Su espuma rizada me hizo estremecer. Europa y África se miran ahí a los ojos, casi se podrían besar.

Rendición

Se suceden los entusiasmos y, casi enseguida, los imprevistos, el torrente de vida que se opone a la voluntad, que la vence con debidas razones: una jaqueca lenta, todo lo ajeno que llama a la puerta, el mando aburrido de

Rendición

Se suceden los entusiasmos y, casi enseguida, los imprevistos, el torrente de vida que se opone a la voluntad, que la vence con debidas razones: una jaqueca lenta, todo lo ajeno que llama a la puerta, el mando aburrido de

Fuerteventura (I) – Jandía

Breve lapso en Fuerteventura, dos días para verle la piel, áspera, hecha de piedra y de una arena escapada del Sahara. Dos días compartiendo su fatiga de vientos, la constancia inflexible de esos alisios que han estado bebiendo en el Atlántico. Avanzamos por su solitud, lejos de

Fuerteventura (I) – Jandía

Breve lapso en Fuerteventura, dos días para verle la piel, áspera, hecha de piedra y de una arena escapada del Sahara. Dos días compartiendo su fatiga de vientos, la constancia inflexible de esos alisios que han estado bebiendo en el Atlántico. Avanzamos por su solitud, lejos de

Misisipí, campos de algodón

Al final de Catalunya, en su costa más meridional, el Ebro conoce al mar con un beso de tierra. Renuncia: entrega duna, marisma, arrozal. Nosotros recorremos las tardes hacia la playa del eucalipto, bajamos las ventanas del coche y aspiramos

Misisipí, campos de algodón

Al final de Catalunya, en su costa más meridional, el Ebro conoce al mar con un beso de tierra. Renuncia: entrega duna, marisma, arrozal. Nosotros recorremos las tardes hacia la playa del eucalipto, bajamos las ventanas del coche y aspiramos

carta de navegación

Llevo el mar bajo los pies, sigo buscando el viento.

carta de navegación

Llevo el mar bajo los pies, sigo buscando el viento.

Al mar

Quedamos pronto y se me ocurre Gavà. La playa larga y desierta. Café con leche en aquel chiringuito de aquella vez. Todavía casi nadie. Recorremos la orilla. Nos tendemos al sol. Nos sacamos los zapatos. Nos sacamos los calcetines. Nos

Al mar

Quedamos pronto y se me ocurre Gavà. La playa larga y desierta. Café con leche en aquel chiringuito de aquella vez. Todavía casi nadie. Recorremos la orilla. Nos tendemos al sol. Nos sacamos los zapatos. Nos sacamos los calcetines. Nos